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miércoles, 24 de octubre de 2018

MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DEL PLACER (SIGMUND FREUD). Clase 4

CURSO DE PSICOANÁLISIS SOBRE LA SEGUNDA TÓPICA: MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DEL PLACER Y EL YO Y EL ELLO.
Profesora: Virginia Valdominos, psicoanalista del Grupo Cero.


lunes, 14 de diciembre de 2015

LA AUTOESTIMA, FUNDAMENTAL PARA NUESTRA SALUD MENTAL





Nos encontramos ante un factor fundamental a la hora de mantener nuestra salud mental y física. La autoestima tiene un fuerte factor ambiental ya que la misma, o mejor dicho, la visión que tenemos de nosotros mismos se encuentra de forma íntima relacionada con las experiencias que hemos tenido a lo largo de nuestra vida.
 Las personas que tienen baja autoestima suelen adolecer de inseguridad, falta de confianza en las facultades propias y cuyo proceso de toma de decisiones suele ser abrupto. Las personas de baja autoestima suelen tener aparejados sentimientos de inferioridad con respecto a los demás. Estos rasgos hacen que, desde esa postura, la relación con el otro resulte dificultosa.

Su círculo social se encuentra muy limitado ya que no puede establecer relaciones con otras personas cuando en su fuero interno está en todo momento pensando lo que los demás dirán de él o que pensarán de él. Otro de los rasgos que tienen las personas que tiene baja autoestima es la dependencia afectiva; también en relación a la misma aparecen una inhibición de los sentimientos debido a que las personas aquejadas de baja autoestima piensan que esos sentimientos no se verán correspondidos.

Además por otro lado este tipo de personas tienden a culpabilizarse de todo lo que va mal ya sea en una relación de pareja o en una relación de amistad. Su resistencia a la frustración también se encuentra disminuida por lo cual las tasas de abandono en los proyectos en los cuales se embarcan suelen ser muy elevados.

Asemfa sevilla. Publicado por María Arráez.
fuente www.depsicologia.com

viernes, 11 de diciembre de 2015

Cuatro trucos para frenar la rumia mental


Le tenía que haber dicho aquello, por qué no fui a esa cita, le diré esto cuando le vea… ¿Te suenan estas frases? ¿Te las repites una y otra vez en silencio? Si es así, bienvenido a la rumia mental o dicho de otro modo, al arte de comerse la cabeza sin ningún sentido. Nos estrujamos la sesera para aprender, para planificar el futuro o para no volver a cometer errores. Hasta aquí todo bien. El problema surge cuando confundimos ocuparse con preocuparse. Lo primero es necesario y gracias a ello, hemos conseguido evolucionar como especie. Sin embargo, la preocupación constante, la rumia mental, no solo no ayuda, sino que nos debilita por dentro. Nos hace claramente infelices, porque ¿quién podría sentirse bien con alguien recordándole todo el rato que se ha equivocado, que es un inútil, que mira lo que el otro ha pensado de ti, etc., etc.? El problema es que ese “alguien” está en nuestra cabeza y no siempre es fácil darle esquinazo. Así que seamos prácticos. Asumamos que tenemos esta “habilidad” de auto amargarnos y busquemos algunas claves que nos alivien para llevarnos un poco mejor con nosotros mismos.


1. Contempla las emociones, no te embarres en ellas

Una cosa es sentirse mal por haberse equivocado y otra es regodearse en el lodo del error. O pensar que algo puede ir mal a estar agobiado por un futuro que no sabemos si va a existir. ¿Solución? Volver al momento presente. ¿Cómo? Con el cuerpo, el mejor de los presentes que hay.

Cuando uno se concentra en la respiración, en bailar, en el deporte… en todas las sensaciones corporales posibles deja la cabeza de dar vueltas por el pasado y por el futuro. El motivo es fácil: el cuerpo está solo en el presente. Cuando nos fijamos en lo que hay en el presente no hay miedo ni estrés. Por eso, una de las técnicas que más éxito está teniendo en los últimos tiempos es el mindfulness, del que ya hemos hablado, y que consigue reducir la rumia mental en un 30 por ciento y el malestar en un 35 por ciento después de ocho semanas de entrenamiento, según la investigación realizada por Andrés Martín Asuero y que recoge en su libro  Plena mente o el arte de estar presente.

Ahora bien, la contemplación de las emociones requiere entrenamiento y es la mejor alternativa, pero si te cuesta, busca otros cortafuegos, como pensar en tu respiración, hacer trabajos manuales que te distraigan poniendo la atención en ellos (claro, no consiste en construir aviones o tejer punto y seguir con la cabeza dándole vueltas), hacer deporte y centrarte en los pasos que das y toda aquella actividad que te requiera movimiento y que te haga estar en el presente.

2. Tranquilízate. Nuestra cabeza suele agrandar los errores

Solemos agrandar el impacto de lo que hemos hecho a otros (no todo el mundo, de acuerdo. Hay gente profundamente narcisista, pero son la minoría). Nos repetimos mil veces lo mal que hemos quedado en un momento dado delante de la gente y nos olvidamos que el resto tienen la misma habilidad de torturarse a sí mismos, por lo que van a dedicar un tiempo maravilloso en recordarse sus propios errores y no tanto criticar los nuestros. Además, la memoria es selectiva. Recordamos aquello que queremos recordar. Y mientras tú lo puedes ver muy oscuro, el resto lo puede recordar como gris. Por ello, ante un error del pasado, por ejemplo, acéptalo (no te pelees en justificarte, que eso crea más rumia mental), saca aprendizajes y no magnifiques lo que los demás han pensado de ti. Muy probablemente estés equivocado.

3. Deja la bola de cristal

Atención al dato: se estima que el 92 por ciento de nuestros miedos son inventados, como recogí en el libro de NoMiedo. Cuando pensamos en el futuro subestimamos nuestras capacidades de rehacernos de los posibles golpes. Por eso, nos llenamos de miedos, que no son otra cosa que rumia mental. Por ello, confía más en ti y ten previsto otras alternativas ante un error posible. Si has salido en el pasado de momentos difíciles, ¿quién te dice que no lo vas a lograr en el futuro? Así que deja la bola de cristal que solo ve cosas oscuras y vuelve al presente y a tus posibilidades reales.

4. Crea un espacio amable dentro de ti

Y por último, trátate un poco mejor. Sé consciente cuando te dices perlas tipo “mira que soy idiota” o cosas así (o peores) y no consientas que nadie ni tú mismo te trate mal. No lo necesitas para mejorar. Presta atención y siente un poco de compasión por ti mismo. Al fin y al cabo, todos somos humanos, que no superman ni superwoman.

Asemfa Sevilla. Publicado por María Arráez
Fuente internet.